CAPÍTULO 1: Primer día.
Narra: Valeria
Beerni y yo decidimos ir a relajarnos un rato antes de que el crucero zarpara. Cruzamos
el enorme pasillo para llegar al ascensor que nos llevaría al piso 11: la cubierta.
Esperamos un largo rato a que el ascensor llegara. Piso 3, 4, 5, 6, 7... luego se devolvió al 6. Paró. Siguió subiendo y cuando llegó se encontraba demasiado lleno y tuvimos que esperar al otro. Cuando este otro llegó, subimos.
Estos ascensores eran tan geniales. Eran de vidrio y se podía ver toda la recepción.
Era bastante interesante mirar a la gente y pensar en su orígen, por qué vinieron hasta acá y desde dónde. Se podía distinguir a la gente de distintos países. Mirábamos a una mujer que vestía una larga falda hasta el suelo, una chaqueta que al llegar a los hombros usaba una gran y felpuda tela que parecía de oso polar. Estaba enjoyada hasta los cabellos, usaba maquillaje de colores extravagantes. Con todas esas características y con sólo mirar su cara comprendimos que era inglesa, probablemente de Londres.
Había otro, un hombre de edad. Le calculamos unos 50 años. Era barbudo y tenía bigote, era de pelo blanco y de calvicie. Usaba unos lentes oscuros, un modelo que usualmente usaba mi papá y mi hermano; usaba pantalones hasta la rodilla, zapatillas que me lastimaban los ojos al verlas, eran muy blancas, usaba un sombrero de tipo jockey y colgaban bolsos de cámaras desde su cuello. No lo pensé dos veces: era un estadounidense, o como nosotros le llamamos actualmente, gringo.
Los apuntábamos y reíamos. Era la máxima entretención identificar de dónde era la gente que veíamos. Nos sentíamos tan distintas entre toda la gente, nosotras éramos dulces e ingenuas chilenas, mientras todos venían de Europa, Asia o EEUU.
Nos sentíamos a ratos inferiores, nosotras no somos ricas, de dinero si, pero no excesivo. Venir a este crucero nos hacía sentir que entrábamos al mundo de los ricos, ocultando nuestra verdadera posición económica, aunque nadie aún lo sabía.
El crucero estaba repleto de gente de la tercera edad. Lo más probable es que encontremos casi con pinzas personas de nuestra edad: adolescentes, de más o menos 15 a 17 años, ya que nosotras tenemos sólo 16 años. No somos amigas, compañeras de curso, hermanas, vecinas ni conocidas, somos algo poco usual que existe en este mundo; somos primas y mejores amigas desde la infancia, exactamente desde que Beerni cumplía sus 7 meses, nos conectamos a metros de distancia. Nunca hemos peleado, ni nada, ni siquiera cuando éramos pequeñas y jugábamos con las muñecas. Nunca nos hemos insultado, y siempre
Hemos pensado una en la otra. Ella va a ser la madrina de mi primogénito, y espero ser la del suyo también.
Bajamos del ascensor que nos llevó a nuestro destino. Abrió sus puertas y pudimos divisar la gente que disfrutaba de las piscinas y jaquzzis de la zona. Caminamos delante de toda la gente. Todos nos miraban, pareciera que algo tuviéramos; no nos hubieramos depilado, tendríamos caras feas, no lo sé… Todos se volteaban a mirarnos, comosi fuéramos un espectáculo de circo.
Atravesamos toda la cubierta sólo para entrar al llamado ‘garden’. Le decían así porque era un lugar donde se desayunaba, almorzaba y cenaba y porque una mitad estaba dentro del crucero y la otra se encontraba al aire libre; quizás por eso es la parte del ‘garden’.
El calor sofocaba, así que no dudamos en hacer la enorme fila para comer un helado.
-¿Tienes plata? – le dije cuando quedaban pocas personas al frente de nosotras.
-No, ¿y tú?
-Tampoco, ¿cómo vamos a pagar nuestros helados? – dije cuando llegaba nuestro turno.
-¿Qué sabor desean? – dijo el vendedor, hablando en inglés.
-No importa, somos chilenas, hagamos el perro muerto – me dijo a susurros.
-Vainilla, por favor – le contesté al vendedor.
-Yo chirimoya – pidió Beerni.
El vendedor nos entregó los helados. Nos miramos la una a la otra y nos dimos cuenta que no servimos para mentir.
-Lo siento, se me quedó el dinero en la habitación – dije en una voz inocente e ingenua, para que el señor no se enojara con unas pequeñas tan tiernas y dulces.
-Señorita…
-No lo hicimos a propósito, se lo juro – Beerni me siguió el juego.
-No, esque… -volvimos a interrumpir al vendedor.
-Pero la próxima vez que vengamos pagaremos el doble – proseguí.
-Creo que están un poco perdidas en este momento. Los helados no se pagan, son gratis, van con la cuenta del crucero, nunca van a pagarlos. Pueden comer todos los helados que quieran, como quieran las veces que quieran.
-Entonces creo que estamos haciendo el ridículo – dije.
-Creo que sí –me respondió Beerni en un tono de burla.
Miramos hacia atrás y la gente se tiraba al piso de la risa que nosotras le habíamos causado.
Salimos del lugar tapándonos la cara. Era nuestro primer día y ya quedamos como el hazmereir del crucero. En la fila de los helados había muchas personas de nuestra edad, es la peor parte de todo el tema.
Fuimos por la popa del crucero a darnos una vuelta, hasta que entramos a una parte llama bar del deporte.Se llamaba así porque había muchas fotos de desportistas famos, y habían vitrinas con objetos importantes, como bolas de béisbol autografiadas o pelotas de basketball que hicieron un record.
Ya lo habíamos visto todo de ese bar, así que íbamos saliendo para seguir recorriendo el enorme crucero.
-¿Piso 10? – pregunté
-No, mejor el 7
-Dicen que el 6 tiene las tiendas
-¡Rayos! ¡se me cayó mi aro! ¿ayúdame a buscarlo en el suelo? –se agacha a buscarlo.
-Debe estar por ahí… - miré hacia abajo y luego me agaché para buscarlo.
-¡no lo veo!
-¿Es este el aro que buscas? – escuché esa voz y fue como si alguna vez la hubiera escuchado. Levanté la cara y lo ví. No pude ver sus ojos, llevaba lentes oscuros que no me dejaban ver su mirada.
-Eh… sí, es este. Muchas gracias – le sonreí al mismo tiempo que me entregaba el aro y lentamente nos parábamos.
-Hey, gracias por encontrar mi aro, es muy pequeño y casi no se vé – dijo Beerni, seguramente pensando lo mismo que yo.
-Nos vemos – sonrió ampliamente y se fué como si tuviera un apuro.
Nos miramos a los ojos y fue como si nuestras mentes se hubieran conectado mutuamente.
-¿Tu también…?
-¡Sí!
-¿Quién es?
-Es lo que me gustaría saber ahora…
Este fue nuestro primer capítulo, espero que les haya gustado :) No olviden dejar su comentario en el chat, shaaaaaay !
Beerni & Valeria