Capítulo 2: Grandes descubrimientos
domingo, 20 de septiembre de 200914:52
CAPÍTULO 2: Grandes descubrimientos Narra: Beerni Recorrimos todo el crucero, cada esquina y cada entretención del hotel. Simplemente tenemos mucho que hacer y mucho en qué divertirnos. Esta noche es la gala de bienvenida del crucero. Una tía vino a este crucero hace un par de meses, así que nos contó a mí y a nuestras familias, que son las que nos acompañan, todo lo que hay en el crucero, asi que venimos preparadas. Trajimos cada una 3 vestidos de gala para las noches de gala y dos disfraces para las noches de disfraces.
Fuimos a la habitación que compartíamos las dos y aprovechamos el tiempo para desempacar la ropa que llevábamos y así cuando terminásemos iríamos a almorzar.
-Aún sigo pensando en ese chico que se nos acercó… -dije haciéndome un tomate en el pelo para que no me molestara en la cara. -Sí, yo también. Había algo en él que yo reconozco y no sé que es… -¿Viste sus ojos? Estabas demasiado cerca de su cara, a lo mejor alcanzaste a verlos -No, estaba con unos lentes demasiado pero muy oscuros, era imposible saber quién era él -¿Qué vestido usarás para la gala de esta noche? -No lo sé, el peor yo creo… lo mejor para el final –sonrió- ¿y tú? -Si, tienes razón, haré lo mismo que tú -¿Dónde iremos a almorzar? ¿Al garden o a algún restaurant? -¿Qué es mejor? -No lo sé… hay muchos restaurantes acá, pero hay sólo dos gratis. Mi tía dijo que la comida de los restaurantes es buena, pero no tan variada como la del garden. -Bueno, no sé, no importa. Que nuestros padres y hermanos decidan, yo me conformo con cualquier cosa, ¡quiero comer! -Hahaha, si, yo también… Ni siquiera alcancé a desayunar a una hora normal. En el avión cuando desayunamos eran las 7:00 a.m. -¿Qué hora es ahora? -Son exactamente la 1:45 -Te apuesto que si no hubiésemos tomado esos helados, ahora estaría agonizando del hambre -Hahaha, ¡yo también! Espero almorzar pronto –tocan la puerta. -¡Chicas, vamos a almorzar al garden! –dijo la madre de Valeria golpeando la puerta. -¡Espérennos allá! ¡vamos en un instante! -¿Esperas encontrarte con él de nuevo? –dije astutamente -No lo sé… Espero que volvamos a verlo otra vez… -¡Chicas! – esta vez era mi madre la que golpeaba. -¡Ya vamos! –grité respondiendo- Vamos, ¡tengo hambre!
Nos encontrábamos en una mesa bastante amplia en el garden. Éramos muchas personas, familiares míos y de Valeria. Estaba mi madre, Loreto, mi padre, Sergio y mis hermanos: Loreto, Sergio y Silvia. También estaba el padre de Vale, Luis, su madre, Carla, y su hermano Diego. Todos nuestros hermanos ya eran mayor de edad, así que nosotras éramos las más pequeñas, aunque tanta diferencia no tenemos, nosotras tenemos sólo 16 años, mis hermanos tienen 20, 22 y 23 y el de Valeria tiene 21.
Nos sentamos. Primero nos quedamos los primos a guardar la mesa mientras los padres iban a buscar su almuerzo: era un buffet. Al llegar ellos partieron los hermanos más grandes, quedándonos nosotras y nuestros padres, y al volver ellos fuimos como últimas nosotras dos.
-Yo voy a comer tallarines, ¿y tú? –me preguntó Valeria -Yo pollo con papas fritas, aprovecho que es el primer día del crucero –sonreí.
Nos sentamos a almorzar y nadie dijo nada, hasta que los adultos pusieron el típico tema político de la actualidad del país. -¿Oyeron lo que sucedió con el comentario de Piñera contra Frei? –otra vez, el padre de Valeria comenzó un tema político; sus padres son abogados. Mientras ellos hablaban sobre sus entretenidos sucesos políticos, nosotras tratábamos de divisar al que vimos y no lográbamos descubrir quién es. -Yo creo que es alguien de nuestra escuela – dijo Vale tratando de buscarlo. -No lo sé, conozco a los chicos de nuestra escuela -Sigo pensando que es de allí, además… ¿de qué otra parte puede ser? -A lo mejor es un famoso –dije ilusionada.. -¡No…! - exclamamos al mismo tiempo y reimos. -Oye… ¿y si es del E.N.E.? –dijo Vale. Aclaración: E.N.E. es un retiro espiritual al que nosotras asistimos hace unos años y seguimos yendo a hacer trabajos voluntarios. -Quizás… es muy probable. Habían muchos chicos de esa edad… ¿le viste el pelo? -Ojalá… llevaba el gorro de su chaqueta puesto. Lo único que pude ver es que era corto, no de esos tipos de lo tienen hasta la rodillas. -Al menos hubiésemos tenido alguna pista de quién era… ¿es que no se deja ver la cara? -Quizás tiene una enfermedad – la miré con una expresión que quería decir “¿qué estás diciendo?” de una mala manera- Bueno, bueno… Quizás es tímido –la miré con la misma cara anterior- ¡Pero qué…! Tienes que aprender a aceptar más la diversidad de opiniones –sonrió tiernamente.
Luego de terminar de almorzar fuimos a tendernos al sol en la cubierta para que la comida bajara. Cuando estábamos descansadas fuimos a nuestra habitación a cambiarnos, nuestro nuevo destino eran los jaquzzis de la cubierta. No usamos nada extravagante. Yo usé uno blanco con flores de colores, mientras que Vale usó uno fucsia con bordes negros. Tomamos algunas revistas y los lentes de sol y subimos a la cubierta, la cual se ubicaba justo en el piso de arriba; nosotras tuvimos la suerte de estar en el piso 10, el que se ubica exactamente bajo el garden, pero tuvimos la desventaja de que nuestra habitación se ubicase en el medio del pasillo. Mil pasos hacia las escaleras o ascensores de ambos lados.
Dejamos nuestras toallas y bolsos en unas sillas de playa que se ubicaban justo al lado de la piscina. Habían 4 jaquzzis y dos grandes piscinas: una temperada de agua con cloro y la otra normal de agua salada. Los jaquzzis estaban llenos, así que decidimos ir a las piscinas primero y, luego cuando estos se desocupen, ocupar rápidamente uno de ellos.
-¡Odio el agua salada! –exclamó Valeria en su intento de sacar el agua salada de su boca. -No lo sé, yo estoy acostumbrada a las playas de agua salada -Pero esque yo no voy a playas a menos de que sea Pucón, que es una laguna de agua dulce. -Bueno, entonces vamos a las de agua dulce… -¡No, mira! ¡Se desocupó un jaquzzi! ¡corre! Corrí atravesando todas las piscinas y casi dos o tres metros antes de llegar hice contacto de mi trasero con el piso, mojado y áspero. -Ven, párate –Valeria me extendió su mano para que yo me levantara mientras todo el mundo se reia calladamente y a susurros -Nunca, repito, nunca volveré a correr en una piscina –mi cara tornó a una cara malhumorada. Nos sentamos en uno de los jaquzzis. El agua estaba muy caliente, tardé tiempo en acostumbrarme. Cuando entramos nos dimos cuenta de el terrible olor a cloro que este tenía. Estaba lleno de cloro, tanto que el olor nos sofocaba… -Considero que mis tallarines estaban demasiado secos… -Sí… a mi pollo le faltaba sal… -Valeria me miró a los ojos y no se movió por un segundo -¡Beerni! –gritó fuertemente- ¡ya sé quien es el tipo!
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