CAPÍTULO 6: el accidente
viernes, 25 de septiembre de 200920:33
CAPÍTULO 6: el accidente Narra: Valeria Apenas terminó de hablar el extraño hombre, miré a Nick, pues él tenía la culpa, ¡él empezó y él me provocó! En el camino intenté sacarme el pastel de la cara, tenía hasta metido en las pestañas. No sé qué se cree él para tirarme un pastel, repito, un PASTEL en la cara, ¿un payaso? Pues eso es lo que es. Pasé 1 hora completa allí dentro, ¿qué se meten ellos? Es un problema entre Nicholas y yo; ni el capitán, ni el jefe, ni el presidente tiene que ver en este tema. Nos hablaron de las reglas del crucero, de educación y de mil cosas más que no tuve interés de escuchar, pues todo esto era una tontería. Reí mucho cuando el señor feo le preguntó a Nicholas si se sabía mi nombre, y obviamente no lo sabía; y yo como soy genial –no, en realidad no, lo digo porque sí- me preguntaron el de él y sí me lo sabía. Llamaron a mis padres, y claro, a los suyos también. ¿Acaso ninguno de ellos ha tenido una pelea a esta edad? Es algo común, somos de la misma edad. Es algo evidente que iríamos a pelear, es una situación que se arregla hablando o peleando; en este caso no tuvimos la oportunidad de hablar así que no hubo alternativa. Nos dejaron encerrados en esa habitación esperando a que el señor feo vuelva con un veredicto de qué va a ser de nosotros. -Pues muchas gracias, ahora no sólo nuestras fans saben de nuestra existencia, ahora todo el crucero lo sabe –dijo Nick irónico -I must be paranoid (8) –no quise contestarle o nos llevaría nuevamente a una pelea, así que mejor le canté el trozo de su canción que creo que va con él en este momento -¿Qué quieres decir con...? Oye... cantas muy bien –al principio estalló de furia pero luego se relajó completamente. Lentamente esbozó un pequeño rictus que luego corrigió con una pequeña sonrisa -Lo dices sólo para suavizar las cosas... oye, si realmente quieres simpatizar conmigo tienes que hacer un mayor esfuerzo -Lo digo porque es verdad, y en ningún momento he dicho que quiero simpatizar contigo. Te lo digo ahora y no lo volveré a decir, con mi vida no se juega -Humor gringo –le dije en español mientras me echaba hacia atrás en la silla. Los estadounidenses tienen una forma bastante graciosa de insultar a la gente... ¿dar una paliza? Soy chilena, y esas son el tipo de cosas que nunca diría, ni aunque me pagaran. El señor feo volvió a la oficina satisfecho. Cerró la puerta tras su espalda y se sentó en el escritorio. Nos miró y procedió a hablar. -Hablé con el capitán y... –lo interrumpí -¿Usted no es el capitán? Oh, yo pensé que si... –dije en tono de burla. Hizo un gesto bastante desagradable y siguió -Ya tenemos decidido su sanción -¿Cómo castigo? –preguntamos Nick y yo al mismo tiempo -Durante esta semana completa los quiero de 6 a 8 p.m. en el restaurant “Four Seasons”, necesitan dos camareros –hizo un pequeño rictus- Y no quiero más peleas, deben aprender a llevarse bien, ¿está claro? -Okey... –dijimos en un humor apagado -Dije, ¿está claro? –dijo casi gritando -¡Sí, señor! –gritamos saltando de la silla -Muy bien. Recuerden, necesitamos puntualidad. Mañana, 6 p.m. Nos vemos. Al fin el señor feo nos dejó ir sólo con decir ‘pueden retirarse’. Por supuesto no quise ni mirarlo, me quise ir en el mismo instante a almorzar y a disfrutar el día libre; mañana toca desembarque, ¡al fin, tierra! Nuestro próximo destino es Tampa. No conozco nada de esa ciudad, ni sabía que existía, aunque dicen que es hermosa.
Hoy mis padres, primos y hermanos querían ir a almorzar al restaurant ‘Seven Seas’, así que con Beerni decidimos ir con ellos y no tener que ver otra vez a mi compañero de trabajo. -¡Rayos! Tuvieron la misma idea –dije cuando entré al famoso restaurant. Cuando fui avanzando y pasé al lado de su mesa traté de ignorarlo, pero me fue imposible con su impresionante mal genio. -¿Me estás siguiendo? –me dijo desafiante -Almuerzo familiar. Sufre –le dije defendiéndome y yéndome para evitar más problemas. En todo el tiempo del almuerzo ni siquiera me di vuelta para mirar a Nick, que no es el caso de Beerni, que se pasó toda la hora mirando esa mesa. Hablamos de lo que iríamos a hacer mañana. Nos bajaríamos a primera hora. ¡Es horrible! Es... es como ir a la escuela. Nos tenemos que levantar aproximadamente a las 6:30 o 7:00 a.m., ya que las puertas del crucero abren a las 8:00 a.m. y mis padres no son de perder el tiempo. Terminamos de almorzar y nos fuimos a la habitación de mis padres junto con toda la familia. Pasamos un pequeño rato juntos para descansar y compartir. Luego de aquello armamos un juego de voleibol en la multicancha. Subimos al piso 12: la cancha. Estaba situada justo sobre el bar que la cubierta. Se podían ver las piscinas y los jaquzzis desde allí arriba. ¿Foto? :) http://s183.photobucket.com/albums/x109/_valicienta_dre_10/?action=view¤t=DSC02545.jpg (Tomada por mí) Nos dividimos en dos equipos: mi primo Sergio, mi prima Silvia y Beerni, mi hermano Diego, mi prima Loreto y yo. Tomamos la red y la colocamos en medio de los dos palos. Tomamos la pelota y el juego comenzó. Era un partido por diversión, para no aburrirnos, y sobre todo para pasar un tiempo en familia. El voleibol definitivamente no es mi deporte, ni el fútbol, ni el básquetbol ni nada que tenga que ver con pelotas. Mi problema no es que yo sea mala, yo antes era buenísima en voleibol, pero lamentablemente le tengo terror a las pelotas, así que definitivamente lo mío es sólo cheerleader, que en películas estadounidenses son equivalentes a las porristas. Cada vez que alguien daba un tiro y la pelota iba hacia mí yo salía corriendo. Yo lo llamo un reflejo involuntario cada vez que me tapo o salgo corriendo, es que ¡es algo que no puedo controlar! La pelota venía hacia mí y fue como si hicieran un movimiento en cámara lenta. Juro que vi mi vida pasando frente a mis ojos, así que no dudé en proteger mi cabeza con mis brazos. La pelota impactó justamente donde mis brazos protegían mi cabeza, pero en un movimiento casi mágico fue a parar directamente a Loreto, mi prima, dándole en su hombro derecho y tirándola al piso. No le pasó nada en su hombro, por suerte, pero al caer su antebrazo izquierdo se flectó hasta llegar finalmente a un esguince. Rápidamente nos fuimos al piso 3: la clínica. Bajamos en ascensor y cuando abrieron las puertas caminamos normalmente como si no hubiera pasado nada, como si no fuera una emergencia. Estuvimos muchísimo rato allí dentro. Llegaron mis padres y mis tíos. Le hicieron radiografías y le detectaron un esguince en su antebrazo izquierdo. Le pusieron un yeso que envolvía desde su muñeca y pulgar derecho hasta un poco antes de llegar al codo. Los sostuvieron con un cabestrillo blanco y finalmente estábamos esperando a que terminara de ser registrada. Beerni y yo quisimos adelantarnos. Estábamos pasando por el pasillo, y adivinen con quién me encontré en una de las cabinas. -Okey... tú me asustas –dijo Nick mirándome con ojos de plato -No es lo que crees, mi prima cayó jugando voleibol y se esquinzó el brazo –dije mientras entraba junto a Beerni, al que no habló mucho... Sólo me acompañaba- y tú, ¿qué haces aquí? –dije muy tranquila, sentándome a su lado -Es que... me dio baja de azúcar y me estaba inyectando la insulina... –dijo avergonzado
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