CAPÍTULO 22: solos
miércoles, 27 de enero de 201010:11
CAPÍTULO 22: solos Narra: Valeria (aún, ¡por la miércoles!)
La enfermería estaba colapsada debido a los múltiples accidentes ocurridos en estos últimos minutos. Todas las zonas, habitaciones y salas del crucero estaban llenas de destrozos y personas heridas, pues este suceso nunca estuvo previsto por el personal del crucero.
Debimos recurrir a hacer curaciones ‘caseras’, ya que había gente mucho más grave que nosotros que necesitaba urgente un doctor. Estuvimos en la habitación de los chicos, era más grande y espaciosa, y habían traído un botiquín con utensilios que necesitaríamos en este minuto.
Por mi parte no me pasó nada gracias a Joe, pero eso valió que él sufriera varios cortes en sus pómulos, teniendo como obligación y responsabilidad desinfectarlos y curarlos.
-¡Au, au! Ten más cuidado, no soy de hierro -¿No me digas que quieres que deje tus heridas expuestas a cualquier tipo de infección que podría resultar fatal? -Sigue desinfectando –dijo asustado -Oye, gracias por salvarme de algo que pudo terminar... horrible -No hay de qué, no sólo para ti hubiese resultado horrible, sino para todos nosotros -Gracias, otra vez –sonreí y él respondió a mi sonrisa -Oye Nick, cómo vas con los cristales –gritó Joe casi como una broma -Joe, quédate quieto -Lo siento -Bien, supongo
La mano de Berni fue simplemente lo más grave que ocurrió entre nosotros, toda nuestra atención debía parar en ella. Quisimos intentar llevarla a la enfermería, pero al sacar un número era para estar al menos 2 horas esperando nuestro turno, y su mano no aguantaría más de 10 minutos sin curaciones.
Nick se colocó sus lentes para mejor visión, pues los mil cristales microscópicos seguían enterrados en la mano de Berni. Tomó unas pinzas y comenzó a sacarlos con mucha paciencia uno por uno.
-¿Qué te pasó exactamente? ¿Aplastaste un vaso o algo así? -No, no, más pequeño, y más delicado -Cuéntanos, Berni, qué fue lo que ‘aplastaste’ –dije en un tono irónico -Luego, te digo, ¿sí? No estoy en condiciones de decirlo, o recordarlo, aún –musitó entre dientes, tierna y suavemente -Significa que quiere que la dejemos sola. ¿Vamos Joe? Mi habitación no es tan pequeña como para que no quepan dos personas y los dejemos tranquilos -¿Dónde está Kev? ¡Au! –dijo Berni -Donde mamá, papá y Frankie –aclaró Joe parándose- bien, los veo luego -Me llevaré estas cosas, las necesitaré –dije tomando lo que necesitaba para las heridas de Joe -¡Adiós! –fue la última palabra que escucharon Nick y Berni de mí
Narra: Berni Una sensación de entumecimiento y pesadez se extendía por mi brazo y, aunque aliviaba el dolor, me recordaba la enorme herida que me había hecho, así que me dediqué a mirar el rostro de Nick con gran atención para distraerme de lo que hacían sus manos. Sus hermosos cabellos rizados destellaban como el oro bajo la potente luz cuando se inclinó sobre mi brazo. Sentía ligeros pinchazos de malestar en mi mano, pero estaba decidida a no dejarme dominar por mis remilgos habituales. Ahora no me dolía, sólo tenía una suave sensación de tirantez que procuré ignorar. No había motivo para sentirme enferma como si fuera un bebé. -Bien, ¿me dirás qué fue lo que te pasó? -Oh sí, eso –hice un gesto de malestar cuando Nick me hizo algo en el brazo que dolió- es algo difícil de explicar, no entenderías -Creo que sí lo puedo entender -El día del desembarque en Tampa, encontré una pequeña caja azul con broche dorado sobre mi cama. Dentro de ella había un prendedor de rosa con plata y cristales... –me interrumpió -Oh, eso es lo que tienes enterrado -Espera un poco, no he terminado. Era Martín quien me lo regaló. Y luego de eso me invitó a salir al restaurant, fue donde me encontré contigo. Y ahora... al moverse el barco traté de salvarlo, me lo saqué y lo sostuve en mi mano, pero con el brusco movimiento hacia el otro lado lo aplasté y... no resistió –dije bajando mi cabeza, mirando cómo Nick sacaba los cristales -Ah, entonces fue él quien te lo dio –dijo bajando su cabeza- Es bastante fácil de entender, ¿por qué dices que es difícil? -No es difícil explicarlo literalmente, me refiero... es difícil para mí explicarlo, me-me duele recordarlo -Es difícil...
Su calma y aspecto relajado extrañaban aún más si cabe en comparación directa con la reacción de los demás. No logré descubrir ni una pizca de repulsión en su rostro. Trabajaba con movimientos rápidos y seguros. El único sonido aparte de nuestras respiraciones era el tenue tic, tic de las esquirlas de cristal al caer una tras otra sobre el suelo.
-¿Sería adecuado este momento como para decirte algo importante? -¿Algo cómo qué? –inquirí -Algo... importante -¿Lloraré o me dará rabia? –pregunté divertida -No lo sé, eso me gustaría averiguar -¿Y tú piensas que es este el momento? -No lo sé -Pues arriésgate –dije guiñando el ojo
Fijé mi vista en las guitarras que ellos habían traído, odio ser tan distraída. Comencé a recorrer toda la habitación con mis ojos, esperando la respuesta de Nick, cuando me percaté que los trocitos de cristales no seguían cayendo, al no escucharlos. Miré mi mano, pero los cristales seguían ahí. Nick estaba totalmente paralizado, estaba blanco. Su mirada estaba fijada en un punto el cual no logré identificar, sus manos estaban tan quietas como un anciano y fuerte árbol, clavado en el suelo. Genial, ya le di asco.
-¿Nick? No respondió. -Si te da mucho asco... puedo hacerlo yo si quieres Siguió sin responder.
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Vuelve al inicio :)
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