CAPÍTULO 24: la ida
miércoles, 27 de enero de 201010:13
CAPÍTULO 24: la ida Narra: Berni Día 7
-Pensamos que no llegarían a tiempo –dijo Joe siguiéndonos con su mirada -Lo siento, Berni tardó en tomar una ducha por su herida -Oh cierto, ¿cómo está? –preguntó Kevin -Bien, supongo. Ayer estuve casi dos horas sacando los últimos pedazos de cristal –Nick me miró de reojo, con su típica mirada tímida y seria -Hoy en Nueva Orleans la llevaremos al hospital y le cerrarán con puntos, nadie de nosotros sabía cómo y con qué hacerlos -O sea no tendrán mucho tiempo para conocer el lugar
Berni y yo negamos con la cabeza
-Una lástima, es una ciudad bastante bella –dijo Joe, comiendo un enorme bocado de su sándwich de desayuno -No importa, otra vez tendremos la oportunidad de venir, espero –respondió Valeria con cabeza baja -Oh Dios, estoy tan emocionado, ¡hoy por fin llega Danielle! Una semana sin verla... –decía Kevin emocionado -¿Esta tarde? Qué rápido se pasó el tiempo –dijo Valeria -Lo sé, pareciese como si ayer nos hubiésemos conocido
Hubo un corto silencio incómodo, ¡cómo los odio!
-Chicas, el jueves cuando nos bajemos en Houston haremos un concierto, ¿quieren ir? -¡Sí, buenísimo! siempre quise ir a un concierto suyo –dije- no como otras –dije cargando mi voz en ‘otras’ -Perdón (?) –Dijo irónicamente- Se agotaron las entradas, por eso te dije que fueras antes -¡No tenía el dinero! Le compraste la entrada a Javi y luego ella te la pagó, a mí no -Ella me lo pidió, tu no me dijiste nada, dijiste ‘yo compraré mi entrada’, ¡pensé que realmente lo harías! Y pudiste perfectamente comprar una de cancha aunque sea -No pensaba ir sola -¡Estaba Valentina! -¡Chicas, chicas! Irán las dos tras bambalinas, no son necesarias las discusiones –anunció Kevin -Lo siento –dijo Valeria -Vamos tarde, lo siento, nos veremos luego –dije limpiándome con una servilleta -Se supone que nos juntaremos en... –dijo Valeria viendo su reloj-... ¡media hora! -Bajaré antes, tengo hora al doctor –con poco volumen se escuchó mi última palabra, ya que estaba a casi dos metros de ellos, yéndome.
Fui a mi habitación, tomé mi bolsa y fui corriendo a la recepción, donde mi madre me esperaba para llevarme al hospital. Mi mano palpitaba con mucha fuerza, estuve toda una noche sin puntos con sólo una gasa cubriendo mis múltiples heridas. La encontré, y con un permiso especial nos dejaron bajar antes por tener hora al doctor, al igual que a muchísima gente peor que yo.
-Buscaré a tu padre, está dentro, espérame acá –dijo y velozmente entró de nuevo al barco -Sola, otra vez
Las mismas manos de hace 4 días estaban sobre mis ojos, tapándolos, evitando que viera otra vez el sol, evitando que viera quién era esta vez.
-Ahora puedo no decir que es Nick, es algo evidente, pero si eres tú sólo dímelo ahora –dije calmada, nerviosa esperando su respuesta -No, esta vez soy yo, Martín
Me di media vuelta y borrosamente lo observé luego de 4 días sin verlo. Por fin pude decir que esto no era un sueño, una pesadilla, una ilusión, esto era realidad, visto desde un punto de vista diferente.
-¡Oh Dios, cómo pudiste! –Dije lanzándome a sus brazos- Nunca más me vuelvas a dejar sola, esta es la única vez que te lo perdonaré, pero nunca más lo vuelvas a hacer –trataba de hablar sin que mis lágrimas impidieran que lo hiciese -Lo siento tanto, fueron 4 días horribles e interminables. Juro que jamás haré un daño así de grande, jamás -Qué pasó, Martín, por qué me evadiste estos cuatro días
Bajó su mirada y firmemente la sostuvo
-¿Martín? No me harás lo mismo que me hizo Nick, ¿no?... ¿no? –levantó su mirada y esta vez la enfocó sobre mí– oh Martín, ahora es cuando más debemos estar juntos, ¡prométeme que jamás te irás de nuevo! -Lo... lo siento -¿Por qué lo sientes, cielo? Yo te amo, con mi vida, jamás me separaré de ti, jamás –hizo una expresión bastante rara, inconforme, como si mil dagas se estuviesen enterrando en su pecho, y él aguantándolas lo más firme posible- Martín... ¡vamos! ¿Qué es lo que sucede? –me tomó dos minutos darme cuenta- ¿Por... por qué llevas una maleta? -Lo siento tanto, jamás tuve el coraje de decírtelo. Mi viaje termina acá, yo sólo pagué una semana, y ahora mi familia y yo nos devolveremos a Chile -¿Por qué desapareciste? –Dije casi en susurro- ¿Por qué no aprovechaste ese tiempo para estar conmigo en vez de evitarme? -Sé que cometí un error, pero ahora no tengo tiempo para arreglarlo. Toma –dijo extendiendo su mano con un papel- por favor perdóname, no quiero perder el contacto. Y nunca me olvides, el prendedor siempre nos mantendrá juntos –sonrió
¡Ups! ¿Qué hago ahora? Lo miré a los ojos dos segundos, y sin responder sólo alcé mi mano para que se diera cuenta.
-¡Dios mío, qué te pasó! -¿Te acuerdas ayer en el brusco movimiento del barco? Pues, me lo saqué para salvarlo, pero luego... –dejé que él terminara la frase
Me observó por unos segundos, sin ninguna expresión en su cara.
-Lo siento tanto, ¡no fue mi intención! y no voy a hacer que lo pagues o me lo devuelvas –tomó de mi mentón y me miró fijamente a los ojos -Ningún objeto, ser o palabra puede demostrar lo que siento por ti –lo abracé con fuerza- hazme un favor, ¿sí? Cuando llegues a tu casa llámame, y nunca perderemos el contacto –giró su cabeza hacia atrás y luego volvió a mí- debo irme -No te vayas, por favor –escondí mi cara en su pecho -No me olvides
Besó apasionadamente mis labios, como si el mundo se fuese a acabar. Vi sus ojos por última vez, y luego tuve que soportar mil dagas en mi corazón al verlo ir.
|
Vuelve al inicio :)
|