CAPÍTULO 28: el chico afectó mi cabeza
lunes, 22 de febrero de 201020:41
CAPÍTULO 28: el chico afectó mi cabeza
Narra: Valeria Sentí un fuerte cosquilleo que recorrió desde la punta de mis pies hasta el último pelo de mi cabeza. Mil mariposas revoloteaban en mi estómago, cosquilleándolo como si no quisiesen nunca parar, y sin esfuerzo alguno sentí como lentamente mis mejillas se iban ruborizando. Mi corazón no para de latir, y con cada uno de esos fuertes latidos se me pasaba una imagen por la cabeza, haciéndolo latir más y más. ¿Es que estaba enamorada? Por favor no, no quiero tener más problemas.
-¿En qué momento cambiaste de camisa? –indagué confundida. Recién lo vi con una camisa azul a cuadros, pero ahora... ahora tiene una café. ¿Estaré loca? Creo que me ha vuelto loca. ¡NO, NO! Me refiero... sí, creo que me vuelve loca. -¿Qué? Creo que estás confundida, he estado con esta camisa toda la tarde, tú tienes la azul -¿Qué QUÉ? ¿De qué está hablando? Pero si he estado todo el día con mi polera gris favorita, ¿qué no ve? Al parecer no soy la loca de aquí -¿¡En qué momento me la has puesto!? –Vociferé histérica- Joe, necesito cambiarme, nos veremos en la noche –insistí parándome, a lo que respondió haciendo lo mismo -Está bien, te paso a buscar a la misma hora –se encaminó hacia la puerta y volteó antes de salir- ¡Ah! Casi lo olvido. ¿Puedes devolverme mi camisa mañana? –me guiño un ojo y cerró la puerta
Me quedé paralizada unos segundos, ¿por qué traía puesta la camisa de Joe? Una idea loca: miré hacia todos lados, nadie. Agarré la camisa de Joe y la estiré hacia mi cara; oh Dios, huele delicioso. Es como que no quiero quitármela, pero debo, lamentablemente, debo.
*** -¡Quédate quieta! –me reprendía Berni tratando de hacerme algo en mi cabello -¡Lo siento! Tú me mueves cuando tiras de mi cabello –repliqué en voz aguda -Espera, falta poco –continuó tirando mi pelo y retorciéndome del dolor.
¿Era necesaria tanta producción? Es sólo una cita, no un matrimonio. Ya con el vestido lucía ridícula, ahora el peinado; ¿qué soy, una Barbie?
-¡Listo! Ahora, obsérvate –me dio vuelta en su silla y logré ver al fin qué estuvo haciendo todo este rato -¡Dios santo, es bellísimo! –exclamé palpándolo con delicadeza, por miedo a meter la pata -No digas que no soy buena –dijo modesta- ahora, ya estás lista -¿No crees que es mucho? S-sin ofender –tartamudeé un poco, temerosa -¿Mucho? ¡Estás bien! ¿O quieres ir con jeans y polera? –inquirió -En otras palabras, pareciera como si fuera a un matrimonio, ¿entiendes? –dicho esto, alguien tocó la puerta. Ya me imagino quién puede ser -¡Es Joe! -¡por qué siempre dice eso! [...] Okey, ¿ahora peleo sola? -Oh Dios, ya no tendré tiempo para cambiar esto –murmuré para mí misma observándome en el espejo- ¡Ya voy!
Tomé mi bolso y con pesados pasos me dirigí a la puerta. Antes de abrir me giré para observar a Berni por última vez -¡qué tontería! la veré esta misma noche, dah-, le lancé una mirada acechadora; fruncí el ceño y decidí hacerlo rápido: abrí la puerta. Qué tipo, Dios mío, qué tipo el que estaba frente a mis ojos. Ese traje lo dejaba como el hombre más apuesto del planeta, mas su pelo, ojos y sonrisa no se quedaban atrás. Por qué, Joe, por qué me haces esto.
Me observó de pies a cabeza con una mirada indefinida. ¡Yo sabía! Estaba demasiado arreglada como para una simple cita, ¿¡en qué estaba pensando!? Terminó de recorrer todas las líneas de mi cuerpo, y esta vez sus ojos se posaron sobre los míos. No pude evitar no sonrojarme, ya era demasiado tarde. Lancé una mirada llena de pudor, fruncí mis cejas e hice una sonrisa ‘chueca’. Bajé mi mirada al piso y recogí mis labios hacia dentro; esto me está matando. Cada vez me daba más miedo posar mis ojos otra vez sobre los suyos, y aún más me daba miedo saber qué era lo que estaba pensando sobre mí. Dios, qué vergüenza.
-¿Muy ridícula? –decidí por terminar con ese silencio infinito -¿Ridícula? Por Dios, qué estás diciendo –discrepó- Estás muy bonita -¿No crees que es demasiado? Digo... no vamos a ir a un matrimonio, ¿cierto? –dije mientras hacíamos una lenta caminata hacia los ascensores -No, no lo creo –dijo riendo- Nadie te dirá nada, Valerie; nadie te conoce -Pero pueden hacer prejuicios, ¿no? –lo sé, parezco loca -¿Te importa su opinión? –Negué con la cabeza- Entonces sólo toma el de las personas que realmente te importen, como yo –silenció unos segundos- o eso supongo –rió -Me importas, Joe –me ruboricé, otra vez- ¿y qué piensas de mi apariencia? ¿Muy inapropiada? -No, es justa para la ocasión –apuesto a que miente -Oh, gracias –ahora jugamos parejo
...
El show de esta noche estuvo realmente espectacular, y más aún si el mismo que lo dirigía era mi amigo, Nick. Cada día canta mejor este chico, es increíble cómo transmite su magia al público, ¿por qué jamás me enteré de ese show? Quizás lo querían hacer sorpresa, es algo evidente, pero si hubiera sido yo sí se lo hubiese dicho a Joe. Bueno, él tendrá sus razones.
Junto con mi extravagante traje y apuesto chico caminamos lentamente apreciando cada milímetro del... ¿pasillo? Hasta que después de dos horas llegamos al ascensor. Cuando pusimos un pie dentro no quise ni mirarme en esos espejitos de la puerta –el resto era de vidrio-. Luzco totalmente ridícula, ¿en qué estaba pensando? Pero bueno, si a Joe no le incomoda no tengo por qué afligirme. En el ascensor no estábamos solos, había una pila de gente bajando con nosotros, hasta que en el piso 7 como por arte de magia todo el mundo que estaba allí bajó, dejándome sola con este galán.
El chico posó su sedienta mirada sobre mis ojos sólo una milésima de segundo, pidiendo más que sólo una mirada y menos de dos centímetros de distancia. En un movimiento brusco y supersónico decidió acortar el espacio entre él y yo, aferrándome contra su cuerpo apoyando su mano en mi cintura y acariciando mis pómulos con la otra restante. Me observó con ansias durante unos instantes y de a poco fue acercando su cara hasta besar dulcemente la comisura de mis labios.
|
Vuelve al inicio :)
|